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Los linfomas de células T son neoplasias poco frecuentes y representan aproximadamente el 10% de todos los linfomas no-Hodgkin (LNH). Con una incidencia en torno a 1.7 por cada 100.000 habitantes/año, varía dependiendo de los países, tiene una prevalencia mayor en Asia. La incidencia de esta enfermedad está aumentando en los últimos años, lo que está produciendo un interés  por saber las razones de dicho incremento. Entre las distintas entidades de linfomas de la Organización Mundial de la Salud destacan el linfoma T periférico, el linfoma de células T cutáneo, el linfoblástico y el linfoma anaplásico. Algunos de estos cánceres, sin embargo, son extraordinariamente raros. Son muchos los estudios que sugieren que los linfomas de células T tienen un peor pronóstico; no obstante, aunque algunos tipos, como el linfoma de células T periférico, muestran peor pronóstico, en otros, como el anaplásico, el pronóstico es mejor.
- El linfoma de células T periférico es una rara variedad y es más frecuente en Asia, debido a que está relacionado con el virus HTLV-1 (virus tipo 1 de la leucemia humana).

- El linfoma de células T cutáneo representa el 2% de todos los casos de linfomas no-Hodgkin y es más frecuente en adultos. Puede pasar desapercibido durante años debido a que sus síntomas son muy similares al eczema o la psoriasis.

- El linfoma anaplásico puede aparecer en la piel, lo mismo que el linfoma cutáneo, pero también en otros órganos. El pronóstico es excelente si se trata con radioterapia, quimioterapia y, a veces, con cirugía.

- El linfoma linfoblástico es más frecuente en niños y, afortunadamente, su tasa de remisión completa con quimioterapia alcanza el 96% de los casos.
Factores de riesgo

Los linfomas se producen por un daño en el ADN o material genético de los linfocitos o células del sistema inmune que altera el comportamiento de dichas células. Dicho defecto causa una producción anómala de las proteínas implicadas en la prevención de la muerte celular y/o provoca una división celular acelerada. Estas células malignas son capaces de desarrollar tumores en los ganglios linfáticos, la piel o la mucosa.
 
La etiología es desconocida aunque se asocia la predisposición genética con determinados factores: la exposición a determinados virus como el HTLV-1, el virus Eipstein-Bar, el VIH y el virus de la hepatitis C (VHC); las  alteraciones cromosómicas por translocación del material genético, y la  exposición a sustancias tóxicas como el benceno, la radiación y la polución.

Prevención

No existen pruebas para la detección precoz de los linfomas ni condicionantes externos relacionados con hábitos de vida que influyan en la aparición de los linfomas; por tanto, no se puede prevenir su aparición. Se recomienda una prevención secundaria, acudiendo al médico lo antes posible cuando haya inflamación en los ganglios linfáticos, ya que muchos linfomas son curables y, en otros muchos casos, los tratamientos disponibles son eficaces y consiguen largas supervivencias con una buena calidad de vida.
 
Signos y síntomas

Los síntomas iniciales de un linfoma son: inflamación en los ganglios linfáticos del tronco superior; escalofríos/fiebre; pérdida de peso inexplicable; pérdida de apetito; cansancio inusual y falta de energía; dificultad para respirar; picazón persistente por todo el cuerpo sin una causa aparente; fatiga general; amígdalas inflamadas, y dolor de cabeza.
En las fases más avanzadas del linfoma pueden presentarse síntomas generalizados que pueden confundirse con signos de gripe, tuberculosis u otras infecciones como mononucleosis infecciosas u otros cánceres.

Diagnóstico

La mayoría de los linfomas de células T se diagnostican mediante una biopsia de adenopatía. No obstante, muchos de los tipos de linfomas de células T son difíciles de identificar mediante este sistema, por lo que son necesarios otros métodos.

Tratamiento

Debido a que hay múltiples variedades de linfomas de células T, existen distintos tratamientos. La terapia estándar para los linfomas suele ser eficaz: quimioterapia, radioterapia, trasplante de médula ósea y cirugía. La quimioterapia es efectiva en el linfoma de células T periférico, mientras que las terapias con radiación ultravioleta o rayos de electrón son eficaces en el linfoma de células T cutáneo.
 
La quimioterapia es el tratamiento fundamental para la mayoría de los linfomas. Su eficacia y agresividad depende del tipo de linfoma y del objetivo del tratamiento (curación o paliación); en los agresivos, el tratamiento puede ser curativo por lo que se utilizan esquemas de quimioterapia más agresivos, mientras que en los linfomas indolentes, la terapia no suele ser curativa por lo que la agresividad a utilizar generalmente es menor, aunque puede variar de paciente a paciente.
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